Mis gatos: Gurri, que lo fue, y Peluchi, que lo es.

domingo, 16 de julio de 2017

Camino Francés 2017. Roncesvalles-Logroño


 Roncesvalles. Inicio del Camino Francés

Interior de la Iglesia de la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles, de principios del siglo XIII

Alrededores de Roncesvalles


Inicio del Camino Francés en España. ¡Todo eso nos queda por delante!

 La inestimable soledad del Camino

 Los peregrinos medievales debían de sentir un gran alivio al cruzar un imponente bosque
y ver esta cruz reconfortante. 

 Para salvar los riachuelos se construyen puentes que el peregrino agradece.

 Se abre un claro en la vegetación que acoge al camino y el caminante se detiene a contemplar el bucólico paisaje.


 Pronto comienza a llover y pronto cesa. A veces el peregrino no se para a quitarse el chubasquero sabedor de que esto es un no parar.

 Las nubes, que se empeñan en acompañarnos estos días de principios de verano



 Y el Sol, que lucha por hacerse ver en el paisaje sombrío.

 Y junto al camino, a menudo, la carretera para los modernos viajantes, que no caminantes.


 A veces, el peregrino se angustia cuando cree haberse desviado del camino y la aparición del hito le trae de nuevo la tranquilidad.

 Ante tan imponente árbol, el peregrino se detiene a contemplarlo y se le antoja que es una perfecta metáfora de la vida, a veces tan retorcida.

 Puente sobre el río Arga

Río Arga a su paso por Zubiri
 Dicen que aún es costumbre entre algunos ganaderos hacer pasar sus animales por debajo del pilar central para curarles de la rabia. Tal era la costumbre medieval en este lugar.


 Confieso que días antes de empezar el actual Camino pensé en llevar mi equipaje de tal manera.
El carrito de la compra para transportar el equipaje

 Campos de cereales aún sin segar y pequeños pueblos nos acompañan.
 Y el paisaje. Siempre un imponente paisaje que alegra nuestra vista y da paz a nuestro espíritu.

 Me imagino que a los peregrinos medievales les daría aún más paz la llegada a templos como este: Catedral de Santa María La Real de Pamplona.

Hacía fresquito aquellos días; ya lo creo. Miren, si no.
Al fondo, cubierto por la niebla matutina, el Puerto del Perdón; nuevas cuestas nos aguardan.

Este caminante tenía la esperanza de que antes de subir al Perdón, pasaría por el pueblo y tomaría un refrigerio para reemprender la marcha con más brío del que la afrontaba.
Pero no,  atrás queda el pueblo que antes tanto había deseado y... Lo peor estaba por venir.


Panorama desde el mismo puerto del Perdón

Llanura por la que se extienden Pamplona y los pueblos adjacentes que hemos dejado atrás.

De nuevo el Sol luchando por ser protagonista del día.
Pero ¿qué es aquello que se albira a lo lejos? ¿Es quizás la ermita de Eunate?
Hela aquí. En todo su esplendor. ¡Cómo me cautiva!
Preciosa. Se mire desde donde se mire.


¡Quién sabe cuándo volveré!, se lamenta el peregrino.


¡Quién sabe! Pero, otros pueblos me esperan y hay que seguir adelante.

Ya veo la torre de su iglesia.
Y el puente romano.


La Rua de Estella, calle principal por la que transita el Camino en Puente la Reina.


Portada de la Iglesia de Santiago, en Puente la Reina

Dejamos atrás Puente la Reina y nuevos horizontes y paisajes llaman la atención del peregrino.
Un peregrino solitario se adelanta en mi camino

Cruzamos un nuevo pueblo y al fondo, medio oculta por las nieblas, la sierra de Urbasa.



Viñedos perfectamente alineados llegando a Mañeru.

Un último esfuerzo y tras esa pequeña subida un merecido descanso y refrigerio.


La sierra de Urbasa

Iglesia del Santo Sepulcro, a la entrada de Estella.

Escalinata de acceso a la Iglesia de San Pedro en Estella.

Vistas del magnífico claustro de la iglesia de San Pedro




Ayegui, poco después de Estella. Allí el peregrino recuerda que lleva 100 kms en sus piernas.

El caminante va recordando hitos de su anterior andadura por el Camino Francés: Puente la Reina, Estella... y ahora Villamayor de Monjardín.

La Sierra de Urbasa ahora en todo su esplendor.

Ahí tenemos la montaña que da nombre a la Villa, Monjardín.

De nuevo Urbasa al fondo y, en primer término, parte del fruto recogido y apilado por el campesino que meses antes aquí plantó sus semillas de cereal.

La silueta de Monjardín se alza entre campos de cereales, coronada por el castillo que los musulmanes levantaron para defender estos territorios de los cristianos.

Campos de lavanda llegando a Villamayor de Monjardín.
Magnífico lugar para levantar una fortaleza.

La Fuente de los Moros, junto al Camino.

Al fondo, el camino gira a la izquierda y se pierde para la vista del caminante que desea inmortalizar su sombra y el momento.


¿Y aquí? ¿Hacia dónde girará el camino? Se pregunta el peregrino.

Has acertado, se dice el andariego, el camino gira a la derecha.

Viñas, campos de cereales, una ermita en la loma de un cerro y al fondo los picos desnudos de alguna sierra.



Y después de Estella, la siguiente parada y fonda en Los Arcos.


Imagen del Apostol Santiago con atuendo de peregrino en la Iglesia de Santa María de Los Arcos.
Distintas vistas del interior del magnífico templo de Santa María de Los Arcos. En él se funden diversos estilos como el románico, protogótico, renacentista y barroco. Es una de las iglesias más importantes de toda Navarra.



Diversas imágenes del claustro de Santa María de Los Arcos.


Fastuoso órgano de la iglesia de Sta. María de los Arcos, uno de los más importantes, si no el que más, de Navarra.



Imagen de Santiago en la iglesia de Santa Maria de Los Arcos, igualmente ataviado de peregrino.
Otro hito en el Camino francés: el Santo Sepulcro en Torres del Río, camino ya de Viana, cuya planta, como la de la ermita de Santa María de Eunate, es de planta octogonal.

La ermita de la Virgen del Poyo, antiguo hospital de peregrinos y santuario mariano en Bargota.




Después de la ermita de la Virgen del Poyo, no tardará demasiado en aparecer la silueta de la población de Viana, siguiente parada y fonda para el peregrino, ya muy cerca de La Rioja.


Portada de la Iglesia de Santa María, en Viana.

Portada de la Iglesia de San Pedro, en Viana, en ruinas desde las guerras carlistas.

Al salir de Viana de buena mañana, el peregrino desvía su vista para contemplar el claro-oscuro que componen la Iglesia de San Pedro y las casas circundantes con la luz del alba.

Unas horas después el caminante albira ya el que sabe que será el final de su actual Camino: Logroño, capital de la Rioja y tan cercana a Navarra como a Alava, de las que la separan escasos kilómetros.

Una cigueña y su cría reciben al peregrino al cruzar un parque que le llevará al centro de la ciudad.

El río Ebro a su paso por Logroño.


Un cuadro de Miguel Angel Buonarroti en la Concatedral de Logroño.

Retablo de la Concatedral de Santa María la Redonda, de Logroño.

EPÍLOGO
No sabe aún el peregrino si el próximo año retomará el Camino Francés donde lo ha dejado este año, en Logroño. Lo que si sabe es que si lo retomase, sea cuando fuere, lo comenzaría en esta ciudad para llegar, ¡quién sabe dónde!, a León. Esa es la idea, ese es el plan, aunque no se sabe cuándo lo reanudará. Todo depende de que no encuentre un nuevo itinerario que le atraiga más, siempre siguiendo las numerosas rutas que llevan a Santiago. Y, claro está, siempre y cuando la salud le respete, pues últimamente anda algo resentido de su espalda el andariego. Quiere apostillar aquí, el peregrino, que éste es el segundo año que recorre alguno de los caminos de Santiago sin llevar a cuestas mi bagaje. La espalda ya no resiste ese peso y hay que respetarla si quiere el andariego seguir cumpliendo con la promesa que se hiciera cuando descubrió el Camino: seguir recorriendo los caminos que llevan a Compostela mientras pudiera. Y ese poder lo da la salud. ¡Ahí es na!