Mis gatos: Gurri, que lo fue, y Peluchi, que lo es.

viernes, 17 de agosto de 2012

Camino Sanabrés: décima etapa

 26/07/2012

 Requejo de Sanabria-Lubián: 18 km.

 De nuevo, las obras públicas cortan el camino y nos hacen desviarnos con lo que los 18 km que marcan las guías se convierten en algunos más. Yo calculo que en total habremos hecho unos 20 km. Gran parte del desvío ha sido por la carretera nacional 525 que afortunadamente no tiene demasiado tráfico ya que la autovía discurre muy cercana a la carretera. Finalmente, el puerto del Padornelo, que tanto me preocupaba ayer, no ha sido para tanto, quizás porque buena parte de la subida se ha hecho por la carretera y siempre el perfil de ésta es más suave que el del camino que debe subir más directo, sin tantas curvas.


 Sigo acompañado, o acompañando, a Gumer, una mujer 3 años menor que yo, bajita pero vivaz y pizpireta en su caminar y en su proceder. Tiene buena conversación y es agradable caminar con ella. Cuando bajábamos el puerto por la antigua carretera se nos acercó un todo terreno que venía en dirección contraria y se paró a nuestra altura. Sacó una bolsa trasparente, con algo dentro, de su coche y dijo: “el avituallamiento”. Tanto mi compañera de andaduras como yo nos quedamos atónitos. ¿Qué significaba aquello? ¿Qué era el avituallamiento del que hablaba? ¿Quién era aquel que nos lo ofrecía? Estas preguntas pasaron por mi mente en cuestión de décimas de segundo hasta que me percaté que era el hospitalero que tan amablemente nos atendió ayer en su albergue privado. Tras cerciorarme de que se trataba de él pasé a resolver la siguiente pregunta: la del avituallamiento. ¿Qué era aquello que nos ofrecía? Tuvo que decir de que se trataba para que cayéramos en la cuenta: no era otra cosa que una bolsa con un bocadillo, una fruta y un yogurt que había dejado anoche en la nevera del albergue y que tenía que coger por la mañana antes de partir. No me lo podía creer. ¡Había salido a nuestro encuentro para traérmelo! Enseguida explicó la sucesión de los hechos. De buena mañana, él se había marchado con el ganado al que cuida en la montaña, ya que su oficio es ganadero. Su mujer, al hacer limpieza y repasar el albergue tras nuestra partida, comprobó como se había quedado la bolsa preparada en la nevera. Llamó con el móvil a su marido quien bajó hasta el pueblo, recogió la bolsa y salió a nuestro encuentro. Conocía el camino pero no tenía ninguna certeza de que nos pudiese encontrar aunque era posible, como así fue. Le agradecí sumamente la generosidad de su esfuerzo, una y otra vez, a lo que el hombre no dio más importancia. Finalmente, marchó con su 4x4 camino de la montaña donde le esperaban sus vacas. Gumer y yo nos quedamos estupefactos. No nos imaginábamos que alguien pudiera hacer algo así en el Camino. La emoción nos sacudió y casi se nos saltan las lágrimas. Verdaderamente, el ser humano es capaz de lo peor pero también de lo mejor como acabábamos de comprobar. Estuvimos unos minutos conmocionados por el hecho que habíamos vivido en primera persona. No recuerdo el nombre de mi benefactor pero sí que recuerdo el nombre de su albergue: Casa Cerviño, el cual recomiendo encarecidamente a cualquiera que pudiera necesitar esta información, por su amabilidad, por su buen trato, por la información que nos proporcionó sobre dónde comer y, finalmente, por el detallazo que tuvieron para conmigo.


 Así que de esta manera, paramos a desayunar a pie de carretera. Continuamos nuestro caminar dejando ya la carretera y discurrimos por un sendero de los que yo llamo atunelados, pues es tal la cantidad de árboles y otras plantas que cubren el camino que no se ve el cielo sobre nuestras cabezas. Las nubes que habíamos visto ayer reaparecieron aquí y pronto empezó la tormenta que a la hora en que escribo estas líneas, a las 8 de la tarde, aún continúa. Ha sido curioso y divertido comprobar cómo cada vez que me paraba para ponerme el chubasquero para protegerme de la lluvia, ésta cesaba de inmediato. Como quiera que caminar con el impermeable produce la condensación del sudor en nuestra ropa, y esto es muy incomodo, a la que paraba de llover yo también me detenía y me quitaba la capelina que me protegía. Inmediatamente comenzaba de nuevo la lluvia. Así, entres las risas de Gumer y la lluvia racheada, discurrió una buena parte de este bonito sendero. Diríase que las nubes jugaban conmigo. De esta manera, entre risa y risa, llegamos pronto al albergue donde nos alojamos, en Lubián.

 El nombre de Lubián viene de lobo y es que ésta es tierra de lobos como lo demuestran los restos de las antiguas trampas que los pastores de esta zona les tendían para cazarlos. Todos los días había un encargado de revisarlas y cuando se encontraba una pieza en la trampa el pastor daba la voz de aviso y se celebraba una fiesta con tal motivo. La trampa consistía en un foso de unos 2 metros de profundidad forrado con lascas de pizarra colocadas de tal forma que cuando el lobo caía ya no tenía manera de salir de la trampa por más que seguramente lo intentaba. Para atraer a la fiera, se introducía en el foso un animal enfermo o de escaso valor. Lo que se hacía con el lobo no se explica pero se lo puede uno imaginar. El pueblo se encuentra en plena montaña, a unos 1000 metros de altura y cada vez es más patente la influencia gallega en esta parte remota de Castilla y León tan cercana tanto a Galicia como a Portugal. Hemos podido oír la lengua gallega en el restaurante donde hemos comido hoy. Luego he sabido consultando la web del ayuntamiento de Lubián cómo en este pueblo se habla, además de castellano, un dialecto galaico-portugués.

Camino Sanabrés: novena etapa

25/07/2012

Puebla de Sanabria-Requejo de Sanabria: 12 km.

La razón de hacer por segundo día consecutivo una etapa de corta longitud no es otra que la de que si hubiese seguido hasta Lubián, próximo albergue, habría tenido que hacer 30 km y  no está el cuerpo para semejante calvario. La mayoría del itinerario va por carretera pero también hemos podido cruzar un bosque que le transporta a uno a Galicia, que, por cierto, no está muy lejos de aquí, a tiro de piedra, como quien dice. Será casualidad pero el caso es que ha sido acercarse a esa bella región y aparecer las primeras nubes de tormenta que ya han dado hoy su primer, aunque corto, recital de truenos. El cielo oscurece por momentos y pronto veremos las primeras gotas de lluvia de lo que podría darse en llamar tormenta de verano.

Otro de los motivos que me llevaron a optar por una nueva etapa corta es la presencia en medio de lo que hubiese sido una etapa larga de 30 km de un puerto, el primero que subiré en este Camino: el puerto del Padornelo. Visto el perfil de esta etapa pensé que lo mejor sería encarar este puerto por la mañana temprano, con la fresca, en lugar de hacerlo a mediodía como hubiese sido de haber hecho la etapa larga que algunos peregrinos habrán hecho hoy. Nuestro pueblo de hoy, Requejo de Sanabria, está justo al principio del puerto con lo que mañana no nos será tan pesado subirlo.


Estoy en el albergue privado de Requejo, donde únicamente estamos dos peregrinos: la mujer de Albacete que conocí en Puebla y yo, los demás habrán pasado de largo. Se llama Gumersinda, aunque ella prefiere que la llamen Gumer. Nació en Almansa pero  desde hace años vive en Hellín. Justo al lado del albergue hay un restaurante donde se come por 11 euros el menú. Sin embargo, hicimos medio km para ir, siguiendo la carretera, a un restaurante donde, nos ha dicho el hospitalero, comeremos un buen menú por 7,5 euros. Así lo hicimos y como no tomamos café el menú nos salió por 6,5 euros. ¡Increíble! Máxime teniendo en cuenta que había 8 primeros platos y 8 segundos para elegir más postre, pan y bebida. No nos lo podíamos creer.

jueves, 16 de agosto de 2012


Camino Sanabrés: octava etapa

24/07/2012

Asturianos-Puebla de Sanabria: 15 km.


Abandonamos la comarca zamorana de la Carballeda, llamada así por la abundancia del roble carballo, árbol que ha sustituido a la encina típica de la dehesa mediterránea que ya hemos dejado atrás. Esta clase de roble es una señal de que se entra en un clima atlántico, más propio de Galicia, de la cual estamos ya cerca. Este roble se diferencia de las otras especies por su hoja grande y muy lobulada. Hemos entrado en la comarca de la Sanabria cuya capital es Puebla que hoy constituye nuestro destino. Al roble carballo, le sustituye aquí el roble melojo y aparecen ya los helechos en el sotobosque que se cubre, además, de otras plantas herbáceas que le dan un verdor que sorprende en estas primeras etapas, pues en las anteriores, el color predominante era el amarillo trigo cuando está maduro.
La etapa de hoy, de tan sólo 15 km, ha sido casi un descanso. Estoy en un albergue privado, el único que hay en esta villa y he coincidido aquí con algún peregrino conocido de etapas anteriores. Como tengo mucho tiempo lo dedicaré a visitar esta población en la cual destaca su patrimonio monumental y paisajístico como el imponente castillo localizado en la parte más alta de la villa, perteneciente a los Condes de Benavente, del siglo XV; la iglesia románica del siglo XII dedicada a Nuestra Señora del Azogue o el Parque Natural del lago de Sanabria. Dado que el lago está algo retirado de Puebla, pues no iré y me dedicaré a conocer la ciudad  y su castillo.

La visita al castillo ha sido bastante provechosa. Está muy bien preparado para hacer visitas didácticas y seguro que durante el curso vienen alumnos de escuelas e institutos con sus profesores a visitarlo. Todo está muy bien explicado y hay un itinerario señalizado para los visitantes. Además, hay esplendidas vistas desde la torre del homenaje de toda la zona y sus alrededores.  A la salida me he encontrado con una peregrina de Hellín, Albacete, a la cual le he recomendado la visita pero tenía otras cosas que hacer y finalmente no la ha realizado.


Van llegando otros peregrinos al albergue a medida que avanza la tarde, entre ellos esta peregrina de la que he hablado antes y algún ciclista. También ha llegado aquí el misterioso extranjero que se alojó en Rionegro en el mismo albergue y que partió de noche. Así mismo, he llegado aquí Enrique, el peregrino cordobés que encontré ayer en Asturianos. Me ha comentado que este peregrino extranjero lo paró la guardia civil andando sin reflectantes por el arcén de la carretera, de noche y que lo llevaron en su coche al albergue más cercano, precisamente aquel en que coincidimos. También están los canarios, tres peregrinos con los que me he cruzado en alguna etapa anterior. Uno de ellos es canario y se puede notar en su forma de hablar, su acento, su entonación. La mujer que va con éste es su pareja, profesora de instituto así como el tercer acompañante, algo más joven que ellos. Desconozco su origen pero no parecen canarios de nacimiento, al menos no se les nota en el hablar. Parece que están un poco más simpáticos y sociables pues el otro día prácticamente no cruzamos palabra. Esta noche será su segunda noche aquí pues quieren descansar de las largas etapas  recorridas en días anteriores. Tanto es así que unos de ellos, el cuarto, hubo de marchar por una lesión que le ha impedido seguir. Es lo que tiene hacer km y km al tuntún. El Camino siempre pasa factura de los excesos, de una forma u otra. A Enrique le acompaña de nuevo, Eni, la holandesa con la que ha hecho amistad desde que se conocieron en Salamanca. A destacar del camino de hoy los enormes robles centenarios que he podido admirar y fotografiar.

Mañana, de nuevo una etapa corta, de tan sólo 12 km. Otro descansito.



miércoles, 15 de agosto de 2012


Camino Sanabrés: séptima etapa

23/07/2012

Rionegro del Puente-Asturianos: 28 km 



Pues resulta que esta pasada noche he dormido sólo en el albergue ya que mi misterioso compañero marchó anoche en la última de sus salidas y ya no volvió. Supongo que habrá caminado de noche o se habrá buscado otro alojamiento, cosa que me extraña, pues al parecer ha pasado aquí la anterior noche. Esto lo he comprobado cuando, al levantarme y prepararme para marchar, subí arriba, pues sospechaba que podía haber marchado ya que no se sentía ruido alguno en la planta superior y, efectivamente, no estaba. También he barajado la posibilidad de que anoche volviera al albergue tarde sin yo percatarme de ello, algo extraño en mí que tengo el sueño muy ligero, o que se hubiese ido temprano, de la misma manera. Sea como fuere, me dispuse a salir. Cerré la puerta del albergue y dejé la llave en el buzón, tal como me dijo el hospitalero ayer. Eran las siete menos veinte de la mañana.
Llegué a mi inesperado destino, Asturianos, en mi planificación de etapas lo contemplaba como alternativa si no podía hacer más km como así fue finalmente, a las 15,30 y ello constituye, de momento, mi record de  horas caminando, aunque en este computo hay que contar también el tiempo de descanso, las paradiñas, como yo digo, tanto para comer algo como  para descansar. Y es que hoy las piernas no me respondían con la alegría de otros días y ya desde el principio de la etapa. En Cernadilla, un pueblo a mitad de etapa, me dirigí a una fuente para llenar la botella. Una mujer que barría la puerta de su casa me dijo que estaba seca y enseguida se ofreció a llenarme la botella con agua de su casa. Por supuesto que yo accedí y le agradecí a la buena mujer su generosidad. Gracias a ello pude soportar mejor el calor y la sed consecuente. En cuanto a la comida, llevaba un buen stock de frutos secos y chocolate y fui disponiendo de ello durante gran parte del camino. Al final, sin embargo, necesitaba comer otro tipo de alimento, dígase un menú como Dios manda. 

Bien, llegué al albergue, anexo a una pista polideportiva con la suerte de que había un bar que me ofrecia comer algo “decente”. Lo acepté encantado pues el restaurante por el que había pasado camino del albergue, estaba lleno de gente que celebraba alguna fiesta, luego me enteré, que eran las fiestas del pueblo y allí se ofrecía empanada y bebida a todo aquel que se acercara. En fin, como quiera que estaba algo alejado del lugar donde se ubicaba el albergue y yo estaba muy cansado me quedé allí y comí lo que buenamente pudieron hacer para mí. Tras dormir una buena siesta he comprobado cómo el cuerpo parece haber respondido bien al descanso y a la reposición de fuerzas. Como compañeros de albergue tengo una peregrina holandesa que viene de Cáceres, donde hizo una alto de unos cuantos días para hacer un cursillo intensivo de español y a un cordobés que viene desde Mérida. Ambos se conocen desde hace algunas etapas y aunque no caminan juntos siempre acaban encontrándose en los albergues donde paran.

Mañana, tengo tan sólo 15 km hasta Puebla de Sanabria, en la comarca zamorana del mismo nombre. Cerca de esta hermosa villa el famoso lago de Sanabria que no es sino un ensanchamiento del río Tera que nace en las montañas adyacentes cuando se encuentra con una cubeta de origen glacial que al llenarse de agua da continuidad al río que nos ha acompañado los últimos días.

lunes, 13 de agosto de 2012


Camino Sanabrés: sexta etapa

22/07/2012

Santa Croya de Tera-Rionegro del Puente: 28 km.

La etapa más larga, de momento,  se ha afrontado bastante bien. Buena parte de su recorrido ha sido bastante agradable. El camino discurría junto al río, por entre grandes choperas y junto a campos de regadío, en un primer tramo; más adelante vino otro agradable paseo junto a un canal de abundante y fresca agua. Digo lo de fresca porque durante un rato estuve remojando los pies en él. La segunda parte de la etapa de hoy, sin embargo, no ha sido tan agradable, más bien lo contrario, pues decidí hacerlo por la carretera para ahorrarme algún kilómetro. Pero esto mismo me permitió encontrarme con mi compañero de colegio, Raúl, con quien habíamos quedado en vernos cuando él fuese hacia el norte para pasar una semana con su madre en el pueblo lucense de Fonsagrada, de donde es natural.  No tardamos en encontrarnos desde que él me llamó por la mañana. Estuvimos un ratito charlando y me alegré mucho de poder verlo y me consta que él también se alegró de verme. Era algo que ya habíamos acordado unas semanas antes de partir yo para el Camino.

Marchó Raúl y yo  seguí mi senda hacia mi destino: Rionegro del Puente. Pese al buen tramo de carretera y a la longitud de esta etapa y dado que el perfil de la etapa no era muy accidentado, llegué bien al albergue, el más grande y el mejor equipado de cuantos he visitado hasta ahora, sin tener en cuenta los privados. Sin embargo, por ahora sólo tengo un compañero que se ha instalado en la planta superior mientras que yo he preferido la inferior. Cuando son las 6,45 de la tarde aún no ha aparecido el/la hospitalero y me pregunto si lo hará más tarde dado que hoy es domingo. Pernoctar en él cuesta 7 euros pero tampoco veía ningún receptáculo donde depositar el dinero. En fin, ya se vería más adelante. El albergue está regentado por la Cofradía religiosa de los Falifos como reza un folleto que hay en el panel informativo colgado de la pared.

Finalmente, llegó el hospitalero a cobrar sus 7 euros. Mi vecino de arriba estuvo buena parte de la tarde entrando y saliendo. Parece extranjero, aparenta tener unos 70 años y es de gran talla. Una vez había cenado algo de fruta me dispuse a dormir a sabiendas de que las entradas y salidas del mencionado peregrino no me dejarían conciliar el sueño. Hacia las 22,30 salió por última vez y me quedé dormido al cabo de un buen rato esperando su vuelta, pues sabía que si me despertaba me costaría volver a dormirme.



Camino Sanabrés: quinta etapa

21/07/2012

Tábara-Santa Croya de Tera: 22 km más la propina.

Me refiero con lo de la propina a que en un momento de la etapa interpreté mal un mojón de los que indican la dirección en que se ha de seguir y anduve como 3 km en dirección errónea, contando ida y vuelta, hasta retomar el camino correcto. Lo curioso del caso es que al peregrino malagueño del que hablé ayer le ha pasado lo mismo: ha interpretado incorrectamente el mojón indicador, pero éste ha ido más allá que yo en su desvío y habrá hecho, según dice él, unos 6 km más en total. Estoy de acuerdo con lo que afirmaba, ya que, si es verdad que ha subido donde yo me temía que había que subir, después de una larguísima recta  acabada en una pronunciada cuesta que moría encima de la sierra en la que majestuosos aerogeneradores dominan el horizonte y rompen la silueta redondeada de su perfil, pues eso vienen a ser los 6 km que este peregrino afirma haber hecho de más. Las dudas empezaron en un cruce donde había que girar a la izquierda para dejar la larga recta que se empinaba hacia los gigantes con aspas. El mojón siempre lo habíamos visto ubicado a la izquierda del camino, justo hacia donde había que girar, y este estaba en la derecha con lo cual interpretamos que la dirección correcta era la que parecía indicar la concha con sus “dedos”.

Empecé a sospechar que la dirección no era la correcta cuando no vi ninguna flecha amarilla que lo confirmara. Entonces me paré y decidí consultar la guía del camino en Internet, mediante el móvil. Como quiera que la conexión no era muy rápida que digamos, mientras esperaba miré hacia la enorme cuesta que tenía ante mí y en esto vi bajar un peregrino que al principio no reconocí, por la lejanía, pero que pronto deduje que debía de ser el malagueño, que salió media hora antes que yo. Lo esperé y me contó cómo también había tenido sus sospechas, pero pensó que quizás arriba se vería una continuidad del camino o un desvío para retomarlo. Sin embargo, me dijo que arriba todo acababa a pie de los aerogeneradores y no se veía camino ni sendero por ninguna parte, sólo bosque y maleza. Me alegré de no haber continuado y con ello me ahorré unos km que mis piernas agradecerán. Volvimos atrás, pues, y retomamos juntos el camino correcto. Poco después nos encontramos con los dos madrileños, que acostumbran a salir más tarde. Les explicamos lo que nos pasó y seguimos nuestro camino por separado. Una nueva cuesta, aunque ésta más corta, me sirvió de excusa para hacer un alto en el camino, para reponer fuerzas y descansar, le dije a mi acompañante, pero en realidad era una estratagema para zafarme de su conversación que, más que un diálogo, era un monólogo, pues no cesaba de hablar y hablar, contando las peripecias y batallitas que había vivido en su vida profesional. Así lo hice y mi compañero, en ese momento, continuó su senda, pues además de gran hablador es gran caminador, que no caminante. Rehíce mi andadura y poco después me encontré con 4 peregrinos más, muy simpáticos ellos, con los que apenas intercambié 4 palabras y no precisamente porque yo no lo intentara. Ellos iban a su “rollo” y yo decidí ir al mío, como no podía ser de otra manera.
Llegué a Santa Croya de Tera a las 13 horas y allí decidí alojarme en un albergue privado que resultó ser un oasis de paz y tranquilidad. Un kilómetro más adelante, en la otra orilla del río, en el pueblo hermano de Santa Marta de Tera, hay un albergue municipal, pero yo había decidido ya darme el lujo, tampoco muy costoso, de un privado. Pagué un total de 28 euros por el alojamiento, la comida del mediodía, poner una lavadora y un bocadillo para el desayuno de mañana.
Por la tarde, fui a visitar el pueblo de Santa Marta de Tera, siendo éste último el nombre del río, por cierto muy ancho en este punto, no pareciendo un afluente del Esla, a su vez afluente del Duero. La particularidad de este río es que nace en el lago de Sanabria.  La iglesia de Sta. Marta es románica del siglo XI. En ella hay una estatua de Santiago peregrino, que parece ser la más antigua imagen que se conserva del apóstol en España.



Celestina, la simpática y amable encargada de cuidar del templo durante las horas de visita, nos  ha explicado algunos detalles que al visitante se le escapan por más que esté atento. Así, nos contó cómo esta iglesia ofrece el fenómeno de la luz equinocial cada cierto periodo de tiempo. Esta es una de las características más llamativas del templo románico. Dicho fenómeno se produce dos veces al año. Coincidiendo con los equinocios de otoño y de primavera, el sol penetra en la sala a través del óculo de la cabecera e ilumina el capitel historiado situado a la izquierda del ábside. El fenómeno de la luz equinocial fue redescubierto no hace muchos años por el entonces párroco de la localidad Don Julián Acedo, ya fallecido. Él fue el principal divulgador de dicha maravilla o eso dicen las personas y peregrinos que acuden a observar este fenómeno, en primera persona, los días 21 de marzo y 23 de septiembre desde hace más de una década. En este punto, quiero agradecer la amabilidad de Celestina por explicarnos detalles que pasarían inadvertidos si no fuera por ella, aunque, por lo que nos dijo, no podía acompañar a los visitantes en su recorrido, tanto interior como exterior, durante la visita. Eran normas de su trabajo que ella muy amablemente se saltó. Se nota que vive con pasión su trabajo. Muchas gracias.





domingo, 12 de agosto de 2012


Camino Sanabrés: Quarta etapa

20/07/2012

Faramontanos-Tábara: 8 km.

Sí. El lector ha leído bien. Son 8 km los que he hecho hoy. Pero todo tiene una explicación. Ayer podía haber hecho estos 8 km añadiéndolos a los 20 que hice. Hubiesen sumado 28 en total pero yo no estoy aún para tantas alegrías. Uno sabe lo que no puede y no debe de hacer, so pena de sufrir las consecuencias. Si los 8 km los hubiese sumado a los de la siguiente etapa hubiesen sido más de 30 y tampoco podía ser. Por lo tanto, como quiera que las uvas no están a mi alcance, como diría la zorra en la conocida fábula, es que en realidad están verdes. Hoy pues día de descanso. El cuerpo lo va a agradecer y se lo merece. He llegado al albergue muy temprano: a las 11, tras un agradable paseo por la dehesa. Al llegar, me encuentro la puerta cerrada. En la pared hay un cartel que indica dónde ir a buscar las llaves. Allí me dirijo y torno al albergue. Una vez instalado y procedido a las rutinas típicas del camino llegan los dos peregrinos de Madrid que ayer me acompañaron en el albergue. Han dejado sus mochilas y se han ido a visitar el pueblo. Cuando acabe estas líneas haré lo propio.

De modo que, escritas estas primeras líneas, me voy en busca de la plaza del pueblo por la que pasé esta mañana camino del albergue. Me siento en la terraza de un bar a tomar una cervecita. Allí estoy un buen rato. Acompaño  la cerveza con un pincho de tortilla y a falta de algo mejor que hacer me entretengo mirando el facebook y colgando alguna foto en el mismo. Al cabo de un rato, me voy al restaurante donde por 9 euros como dos platos, pan, bebida y postre. Una vez acabado me dirijo de nuevo al albergue donde al llegar compruebo que tenemos nueva compañía: 2 peregrinos nuevos. Están en la cocina-comedor donde esperan a que se acaben de hacer unas lentejas al más puro estilo casero. Poco antes han dado cuenta de una buena ensalada. Decido sentarme con ellos  a pegar la hebra antes de irme al dormitorio a echar la siesta. Uno viene desde Málaga por el llamado Camino Mozárabe, pasando por Córdoba hasta llegar a Mérida, donde se une a la Vía de la Plata. El peregrino que ahora le acompaña es del mismo Badajoz. El malagueño no tiene inconveniente alguno en contar que es policía jubilado, incluso cuenta algunas peripecias de su vida profesional. El pacense está tan gordo, sobre todo de abdomen, que a uno se le antoja que muy mal tiene que llevar esto de caminar unas cuantas horas cada día, mochila incluída. Hoy, por lo oído, ha hecho más de 30 km y mañana dice que hará la mitad. 



Tras este rato de charla me fui a dormir la siesta y ya avanzada la tarde llegaron dos ciclistas madrileños al albergue. Poco después llegó la puesta de sol que en estos días procuro ver. Los ciclistas también están fuera relajándose y surge, inevitable, la conversación. No tarda mucho en salir el tema de la crisis. Ambos son sociólogos y trabajan, mejor dicho trabajaban, en rehabilitación de drogodependientes. Se quejan de la falta de sensibilidad de los políticos de su comunidad, que han acabado retirando las subvenciones a estas políticas con la excusa de la crisis. Obviamente, ellos también han sido perjudicados puesto que se han quedado sin trabajo. Pero los más perjudicados son los propios sujetos que recibían estas ayudas y que ahora no las tendrán con lo que se verán abocados a costeárselas ellos mismos, si pueden, o dejarlas, con las consecuencias que esto tendría para sus vidas, las de sus familiares y amigos y para el conjunto de la sociedad, puesto que un drogodependiente no tratado es un potencial delincuente si sigue por el camino de la droga. En fin, lo considero una incoherencia porque lo que no se gasta en prevención se gastará después en represión, malestar social, etc, etc. Y como lo uno lleva a lo otro, hablar de recortes lleva a hablar de política, y acabamos coincidiendo en que estamos en el inicio de un cambio importante. Afirman ellos, que en buena parte, gracias a las políticas de Rajoy, éste está consiguiendo unir a la gente en su contra y muy a pesar suyo. La charla era agradable pero pronto llegaron las 11 y no conviene al peregrino trasnochar más allá de esta hora. Mañana quiero madrugar.