Mis gatos: Gurri, que lo fue, y Peluchi, que lo es.

sábado, 13 de agosto de 2011

Camino del Norte: vigésimo-cuarta etapa


19/7/11

Avilés-El Pito (Cudillero): 27 km. Nada que contar respecto de la visita de ayer al Niemeyer ya que no  hubo tal visita. Era lunes y el Centro Cultural estaba cerrado por descanso semanal, de manera que la tarde de ayer la dedicamos a dar una vuelta por el casco histórico de Avilés y poca cosa más.
La etapa de hoy ha sido, nuevamente, una etapa dura, no tanto por longitud, que también, sino por su perfil de dientes de sierra. Y es que las subidas y bajadas han sido constantes. Pero si ello era poco, apareció la lluvia que cayó durante todo el trayecto aunque de una manera discontinua, lo que nos obligaba a poner y quitar una y otra vez el chubasquero. Por momentos salía el sol y nos obligaba a quitárnoslo ya que se hace muy incómodo el caminar en verano con el chubasquero, dado su nula transpiración. Minutos después, volvía a llover  y vuelta a empezar. Además, hay que añadir los tramos de carretera que se han hecho casi interminables cuando no los senderos casi intransitables por el agua y el barro. Todo ello ha puesto  una nota de dificultad añadida a la propia de la distancia recorrida.
Salimos  cuatro peregrinos, juntos, de Avilés cuando eran las 7 de la mañana. Paramos a desayunar en el primer bar que vimos abierto y continuamos nuestro camino pronto ya que nos esperaba una buena etapa como  he referido antes. Hoy me acompaña en el camino Pepe, valenciano él, algún  año  mayor que yo y al cual conocí ayer en el camino. También me acompañan, o acompaño yo, una pareja que conocí en Llanes, el día de la gran lluvia. Ella, Susana, es maestra en una escuela concertada de Murcia, él, Jesús, es licenciado pero no tiene trabajo, uno más de tantos miles y miles de jóvenes, universitarios o no, que no han encontrado aún su lugar en el mundo laboral. A ella la conocí en la etapa que nos llevaba a Llanes, como he dicho. Iba sola y cojeando y le ofrecí mi compañía sabedor que las penas en compañía son menos penas. Me lo agradeció y me dijo que su pareja iba delante, que no era necesario. Le ofrecí, entonces, uno de mis dos bastones ya que entendía que en la pronunciada bajada por la que transitábamos le podría ser de utilidad -me había explicado que andaba algo delicada con la rodilla-. Volvió a agradecérmelo y volvió a rechazar educadamente la oferta. Seguí mi camino y más tarde me la encontré en el albergue al igual que a Jesús, su pareja. Le pregunté por sus dolencias y me dijo que se encontraba mejor.
El caso es que partir juntos no significa llegar juntos y este fue el caso de Pepe, el valenciano, que aceleró su ritmo en un momento dado y ya  no le volvimos a ver el pelo. Nos dejó a los tres atrás, a nuestro ritmo, ya que cada cual tenía motivos sobrados para no acelerar el paso. Jesús, comienza a padecer tendinitis en una rodilla y al llegar al último tercio de la etapa se resiente visiblemente de ella y su cojear era cada vez más evidente.
Con Pepe habíamos convenido en reservar habitación en un hotel al finalizar la etapa y faltándonos aún algún km para acabar nos llama desde el hotel para comunicarnos que ya había llegado y que estaba confirmada la reserva del hotel, de  manera que yo compartiría habitación con él por aquello de compartir gastos. Nosotros tardamos una hora más en llegar y como era tarde, nos fuimos directamente al restaurante después de haber dejado la mochila en la habitación. Dimos cuenta de un menú contundente, además de barato, después de lo cual volvimos al hotel para llevar a cabo las rutinas, ya sabidas, del camino. Al acabar nos esperaba una reparadora siesta. Al atardecer, bajamos a Cudillero y  nos sentamos en una de sus numerosas , junto al mar. Comentamos los planes para el camino del día siguiente. De los cuatro, tan sólo Pepe quería volver a hacer una etapa de veintitantos km. Susana, Jesús y yo decidimos hacer una etapa corta, de tan sólo 13 km, pues nuestro estado físico nos aconsejaba un  relativo descanso.  Yo seguía con  las molestias en el talón y me ha salido la primera ampolla de este año en el dedo pequeño del pie derecho, justo ahora que empezaba a  no notar el callo del mismo pie. Ya en anteriores años en el camino, me había  salido una ampolla en el mismo sitio y recuerdo haber pasado unos días con molestias. Picoteamos algo y cuando nos dimos cuenta ya eran las diez. Llamamos un taxi del cual nos habían dado el teléfono en el hotel, ya que subir al hotel desde nos encontrábamos después de haber andado 27 km por la mañana era un poco descabellado. No respondía y empezamos a sospechar que quizás ya era tarde para encontrar un taxi. Me veía subiendo penosamente a pie hasta el hotel. Preguntamos en un bar, junto a la parada de taxis, y nos dieron otro número de teléfono para que probáramos suerte. Afortunadamente, en ese sí respondieron. Enseguida llegó a donde nos encontrábamos y nos subió al hotel por tan solo cuatro euros. 

viernes, 12 de agosto de 2011

Camino del Norte: vigésimo-tercera etapa

18/7/11


Gijón-Avilés.Después de un descanso que el cuerpo siempre agradece, la etapa de  hoy, de 24 km, ha tenido tres fases. Una primera que transcurría, primero, por el casco urbano de la ciudad y luego por su zona industrial, con humos y malos olores como elemento a destacar, en este caso en negativo; una segunda fase de subida, y ¡qué subida!, y tránsito por una zona boscosa, mayoría de eucaliptos, que se llama Monte Areo, donde abundan los dólmenes –más de treinta- y que se hace muy agradable de recorrer. Aún más grata fue la tercera fase, al llegar al Valle, lugar que hace honor a su nombre: un precioso valle jaspeado aquí y allá de pequeños prados, casas, caminos y pequeños bosques de eucaliptos en la parte alta de los cerros que lo circundan. Fue una delicia caminar por sus carreteritas, con suaves subidas y bajadas. Una vez acabado este valle el camino nos lleva hasta la carretera que une Gijón con Avilés y aquí se acabó lo bueno. El camino se convierte en arcén de la transitada carretera hasta llegar a mi destino. Pronto encontré un bar y no  me lo pensé dos veces: paré. Mientras me descalzo la mochila,  a veces es esa la impresión que uno tiene, que la lleva calzada a la espalda, me imagino una cerveza y un pincho de tortilla y es precisamente eso lo que encuentro en el bar, pero, sobre todo, pienso en un descanso para mis pies y mis piernas, por ese orden. El talón del pie izquierdo me viene dando molestias últimamente, en la zona en que se une al tendón de Aquiles y un callo en el dedo pequeño del pie derecho reclama también mi atención, molestando aún más. En el bar coincido con una pareja que conocí en la etapa de Llanes. Ella es maestra y ambos van algo tocados: lesiones típicas del peregrino caminante. Abandonamos juntos el bar y anduvimos juntos hasta el albergue, unos 8 km que a los tres se nos hicieron interminables. Al llegar, me encuentro con algunos peregrinos conocidos de etapas anteriores. Después de atender las rutinas de cada día y de escribir este diario hemos quedado en ir a visitar el modernísimo Centro Cultural de Avilés recientemente construido por el afamado arquitecto brasileño Niemeyer que acoge todo tipo de manifestaciones culturales y artísticas. Pero esto mañana os lo cuento.

jueves, 11 de agosto de 2011

Camino del Norte 2011: vigésimo-segunda etapa


17/7/11

Villaviciosa-Gijón: 26 km. Buena distancia para llegar cansado y dolorido al albergue. Sin embargo, estoy como el primer día, fresco y como nuevo. ¿Un nuevo enigma? No, es muy sencillo: he hecho la etapa en autobús. No trataré de justificarlo, no. No tiene justificación, pero sí que tiene una explicación, a saber: dado que no ando demasiado bien en estos días, y nunca mejor dicho, decidí tomarme el día de descanso en Gijón para lo cual tomé el autobús de línea que me trajo hasta esta bonita ciudad. Paseos, lectura de la prensa, descanso en el hostal… fueron mis aventuras en el día de  hoy.
Aprovecho, pues, la escasez de eventos  que explicar en esta etapa para clarificar el enigma del día 13/7/11. Bien, comenzaré pidiendo disculpas al lector, ya que en las referencias al tema de los días anteriores aseguré que no se trataba de un despiste de este, ciertamente, y a menudo, despistado cronista. Efectivamente, hubo un error el día en que transcribía mis palabras en el cuaderno de notas y, en lugar de poner 13/7/11, puse 14/7/11 con lo que  me saltaba un día sin pretenderlo. Eso es todo. La confusión vino al mirar mis notas previas de planificación del Camino. Ahí ponía que el día 13 iba de Llanes a Nueva (18 km) y al día siguiente, día 14, haría un etapa de tan sólo 12 km hasta Ribadesella. Como narré en su momento, estas dos etapas las fusioné  en sólo una  de 30 km y de ahí el error en las fechas.
Espero la comprensión del lector y que esta confusión no le lleve a abandonar la lectura de este diario por entregas.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Camino del Norte: vigésimo-primera etapa

16/7/11

La Isla-Villaviciosa: 20 km. Curiosa etapa la de hoy. Salí a las 7 del al-bergue tras una noche en que apenas pegué ojo. A lo sumo 3 horas. No podía conciliar el sueño. Supongo que será la consecuencia de haber echado la siesta durante más tiempo del debido.
Al poco de dejar el albergue y salir a la carretera sentí la tentación de seguir por ella ya que estaba seguro de que acortaría distancia. Sin embargo, y aunque no había apenas tránsito, desistí de ello y, si bien anduve unas decenas de metros por ella, deshice mis pasos y volví al lugar donde la señal indica la continuación del camino de tierra. Enseguida el amplio camino se convirtió en un estrecho sendero casi intransitable, debido, primero, a la espesa vegetación que, por momentos, casi lo convierte en un túnel, y, segundo, al barro y al agua que lo hacían un lodazal difícil de transitar. Sin embargo, pronto coincidí en aquel tramo a tres peregrinas francesas a las que alcancé aunque dos de ellas pronto se retrasaron y caminé con la tercera, más o menos de mi edad, un buen rato. Se llamaba Corine y era muy simpática y abierta. En un castellano suficientemente fluido y comprensible, me contó que tenía ascendencia española por parte de sus abuelos paternos, de Sant Feliu de Guixols él, de Murcia ella. En plena conversación vimos que se acercaban, en dirección opuesta, a tres ciclistas con los cuales había intercambiado unas palabras el día de ayer. Se pararon y nos advirtieron de que más adelante habían cortado el camino ya que se estaba celebrando un rally cuyo recorrido transcurría en un buen tramo por el camino que seguíamos. Ellos volvían a tomar un itinerario alternativo. Nos despedimos no sin antes agradecerles el aviso y decidimos seguir adelante y ver cuál era la situación. Al cabo de media hora empezamos a ver muchos coches aparcados en los arcenes de la carretera y comprobamos la veracidad de lo que nos habían contado. Preguntamos y nos dijeron que tardarían unas 2 horas en dar de nuevo el paso libre. Nos dispusimos, pues, a buscar un lugar a la sombra para pasar ese rato ya que el sol picaba con ganas  en la mañana. Poco a poco, se fueron uniendo a nosotros otros peregrinos que salieron después del albergue. Asimismo, un grupo de adolescentes de ambos sexos que iban de campamentos buscó refugio junto a nosotros. De esta manera, algunos nos dedicamos a pasar el rato viendo pasar los coches a toda velocidad, uniéndonos con ello a los numerosos espectadores que se habían concentrado en una curva apta para el derrapar de los vehículos,  esperando captar la mejor foto o, quizás, el accidente de alguno de los coches que intentaban transitar por allí a la máxima velocidad. Y no tardó en llegar el accidente. Me percaté de ello cuando, estando tumbado en el suelo descansando y pensando en mis cosas, sentí un ¡oh! del público que enseguida se desplazó unos metros para ver mejor las consecuencias del siniestro. Me incorporé yo, igualmente, y pude observar cómo la gente intentaba ayudar al piloto a salir del atolladero empujando el coche, que se había salido de la carretera y  estaba atrapado entre la espesa vegetación. Finalmente, lo consiguieron y el coche, aparentemente sin mayores desperfectos, pudo continuar su carrera contra el tiempo.
Cuando al cabo de un rato, mayor del que en principio estaba previsto, abrieron de nuevo el camino me dispuse a rehacer el mío. Me encontraba fuerte, de manera que probé a apretar el ritmo para comprobar cómo reaccionaba mi cuerpo. Y respondió como yo esperaba. Adelanté al grupo de adolescentes que fueron los primeros en partir y enseguida me quedé sólo en cabeza del numeroso grupo que allí se había congregado finalmente. Más tarde -hay que ver lo que hace la juventud- el grupo de muchachos y muchachas, me adelantaron a mí. Iban cantando canciones, con un espíritu alegre y dicharachero, sin apenas darse cuenta de la cuesta que estábamos subiendo o eso me pareció a mí.
El resto de la etapa la hice prácticamente sólo y, entre las continuas subidas y bajadas y el fuerte sol de las horas posteriores, llegué a Villaviciosa en torno de las tres de la tarde. Me quedé en el primer hotel que encontré y después comprobé que era también el más económico de la villa. No me lo pareció así cuando pregunté al recepcionista, ya que 55 euros la habitación individual no lo considero barato, precisamente. Al comprobar que era peregrino, el señor que me atendía, me dijo que podía facilitarme otra habitación con los mismos servicios pero que no se encontraba en el propio hotel sino en un edificio de planta baja, justo en frente, al otro lado de la carretera. Su precio, sensiblemente inferior: 30 euros. Me invitó a comprobarlo por mí mismo y, efectivamente, era una buena habitación de hotel, por lo que acepté la oferta. La razón de haber buscado hotel es que en esta población no disponen de albergue por lo que el peregrino únicamente tiene la opción de seguir su camino, y hacer unos cuantos km más, o detenerse aquí y buscar un alojamiento alternativo.
Tras comer en un restaurante que el recepcionista me indicó, apto para presupuestos de peregrino, me dirigí al hotel en la hora en que el sol se dejaba sentir con más fuerza. Eché una siesta y tras ello aproveché para lavar la ropa y tenderla en una estufa adecuada para este menester en el baño de la  habitación. A continuación volví al pueblo, me senté en la terraza de un bar a escribir este diario y no pude sino escuchar la conversación de mis vecinos de mesa: el tiempo. Todo giraba en torno si el buen tiempo del día de hoy duraría algún día más. El camarero que les atiende afirmaba que mañana llovería, lo ha oído en la TV, sin embargo, los clientes manifiestan no estar de acuerdo y aseveran que hará un buen  día, como el de hoy. No sé porqué, pero yo me quedo con la opinión del camarero, seguramente porque es la que me produce preocupación. Ya creo tener bastante experiencia de lo que es caminar lloviendo, con una mochila que pesa 11 kilos.
Bien, creo que a estas alturas, el lector se habrá hecho ya una idea de lo que pudo haber pasado con ese supuesto salto en el tiempo, que al principio parecía haber sido hacia atrás y que luego comprobamos que se trataba de un salto de 350 días, exactamente, pero hacia adelante. Es decir, y recordando los datos, pasamos ¿misteriosamente? del día 26/7/10 al 11/7/11 en un abrir y cerrar de ojos. Pues bien, esa fue la impresión que tuve yo al levantarme el día 11/7/11 y disponerme a continuar mi camino: que no había pasado ese año. ¿Qué pasó pues? Tuve precisamente esa sensación cuando me estaba poniendo las botas y después, cuando salí fuera y tomé contacto con las primeras luces del día, muy apaciguadas por la neblina que todo lo cubría. Ahora está más claro, ¿no es así?
Sin embargo, queda aún un enigma que descifrar. Recordemos: ¿qué pasó con el día 13/7/11? ¿Por qué no hay narración de lo acontecido en ese día? Demos tiempo al tiempo para resolver estas cuestiones.

martes, 9 de agosto de 2011

Camino del norte: vigésima etapa

Camino del norte: vigésima etapa

15/7/11
Ribadesella-La Isla. Etapa corta la de hoy y, sin embargo, me ha destrozado los pies. No, no son ampollas como era de esperar. Se trata de dolor. Me duelen sobremanera pero no ha sido la etapa de hoy la causante, sino la de ayer. Desconozco cuánto tiempo más arrastraré las consecuencias de la, para mí, super-etapa de ayer. Espero que vayan mitigándose en los próximos días. Obviamente, tendré que replantearme la planificación que hice que incluía una etapa de 20 km para mañana y una de 26,5 para pasado mañana. Las dos siguientes habían de ser de 24 i 23,5 km. Mucho me temo que no podré seguir la planificación inicial. Pero tampoco quiero ser pesimista: perder una batalla no es perder la guerra, como se diría en términos bélicos. Miraré de acortar recorridos y adaptarme a las circunstancias. El camino es imprevisible y la planificación previa que uno hace antes de salir debe ser tan sólo una referencia, una guía y no algo que hay que cumplir a rajatabla


El de hoy ha sido un buen día en lo que al tiempo se refiere. Empecé a caminar a las 7,45 con un tímido sol mañanero que poco a poco fue disipando las nieblas altas que dificultaban la visibilidad a medida que se elevaba en el horizonte y adquiría mayor fuerza. Sin embargo, en la dirección en que caminaba, siempre hacia el oeste, negras nubes ganaban la partida al sol. El camino discurre cerca de la costa y pude apreciar cómo los prados verdes y húmedos acababan bruscamente en acantilados que ocultaban pequeñas playas, entre promontorios rocosos y oscuros que cortaban en seco la monotonía ocre-gris azulado de la costa. Un par de subidas, con sus respectivas bajadas, en ocasiones por un estrecho sendero rodeado de lujuriosa vegetación que sobrepasa la alzada del caminante, dificulta, por momentos, su transcurrir.


Hacia mediodía, las nubes ocultaron el sol que no volvió a salir hasta llegar a mi destino, a La Isla, más que un pueblo una urbanización al uso de las que se dan en lugares junto a la playa. Un bar donde hacen comidas, una cafetería y un kiosco que vende de todo un poco y una tienda componen todos los servicios que aquí el peregrino puedo encontrar, junto con el albergue, claro, que se encuentra ubicado en las antiguas escuelas del lugar. Bien cuidado, tiene los servicios propios para uso del peregrino: cocina, lavadora, y un soleado patio para tender. Y a escasos cien metros, el mar. De nuevo, un acantilado pone fin al prado que rodea el albergue y que pertenece a una propiedad privada que se extiende hasta el borde del acantilado. Un alto muro de piedra y un buen seto procuran intimidad a los propietarios ante las miradas curiosas o perdidas de los peregrinos.


Cambiando de tema, ayer propuse al lector ayuda en la solución del enigma que me preocupaba. ¿Qué más se puede decir sobre el mismo? ¿Lo has resuelto, querido lector? 


lunes, 8 de agosto de 2011

Camino del Norte: décimo-novena etapa


14/7/11

Llanes-Ribadesella: 30 kilómetros. Ésta es la etapa que aconseja mi guía. Cuando planifiqué las etapas unos días antes de partir, dividí ésta en dos, de manera que acabaría que no llegaría a Ribadesella y me quedaría unos 10 Km antes, en Piñeres de Pria. Pero la mala suerte, ¿mala?, ha querido que acabase en Ribadesella ya que he pasado de largo el albergue privado de Piñeres sin pretenderlo, claro está, y me percaté demasiado tarde para remediarlo volviendo hacia atrás. De modo y manera que he acabado haciendo los 30 Km que marca la guía, habiendo salido en torno a las 7 y llegado a las 4 de la tarde a mi inesperado albergue en la villa que acoge cada año el final de la bajada del río Sella desde Arriondas, allá por el 8 de agosto. He de remarcar que esta distancia constituye mi record en 5 años de Camino.
Me encuentro, pues, en la famosa y amplia ría donde desemboca el río Sella, que le da nombre. Desde donde me hallo escribiendo esto que lees, querido lector, veo el puente que sirve de meta a la bajada piragüística mencionada antes y observo cómo se estrecha la ría hasta convertirse en río y más allá escarpados picos conforman el telón de fondo de este bello paisaje. Unos cuantos piragüistas se afanan en remar rápido, quien sabe si entrenándose para el descenso del río que está próximo. Y es que me encuentro en la terraza de una sidrería, a escasos metros de la ría. La gente pasea arriba y abajo aprovechando la esplendidez del sol que hoy brilla en el cielo para goce de unos y otros. Atrás quedó la lluvia y el viento de etapas anteriores aunque mucho me temo que tan solo es una tregua. Pero eso es futuro y ahora toca hablar del pasado.
He llegado muy, muy cansado al albergue. He comido en el primer restaurante que he encontrado dado que la hora de llegada –las cuatro, como decía- no permitía sino dar prioridad a la reposición de energías. Tras la comida, la ducha y el lavado de la ropa usada hoy. A continuación he buscado un sitio agradable para ponerme a escribir este diario. Por cierto, tengo un nuevo enigma para resolver e invito al amable lector a ayudarme a resolverlo. Me explico: no hay más que ver las dos últimas fechas de este diario para darse cuenta de que hay algo que no cuadra. ¿Por qué se pasa del 12/7 al 14/7? Aviso que no se trata de un error de este despistado  peregrino. ¿Por qué no hay diario correspondiente al día 13? ¿Otro salto en el tiempo? No, no es eso, no. Si el lector no tiene una hipótesis para explicar este enigma le invito a continuar leyendo ya que tengo fundadas esperanzas de que todos los enigmas que aquí se han planteado tendrán, al fin, una solución satisfactoria en próximos capítulos.

domingo, 7 de agosto de 2011

Camino del Norte: décimo-octava etapa


12/7/11
Retomo el asunto del misterioso salto en el tiempo, que, a estas alturas, ya lo doy como un hecho ¿real? Estoy convencido, como decía ayer, que el salto ha sido hacia adelante, o sea que no es que haya retrocedido en el tiempo, como al principio creía, sino que he avanzado casi un año, exactamente 350 días. ¿Que cómo lo sé? ¿Que cómo puedo ser tan exacto? Primero, me he percatado –no sé cómo no lo hice antes-  de que el año no era 2010, como yo daba por supuesto, sino 2011. La exactitud en el cálculo viene de restar 16 días, que son los que tardé en el tramo Irún-San Vicente de la Barquera  a los 366 días que tiene el año. Así pues, establecido que ha habido un salto en el tiempo hacia adelante, todo se centra ahora en explicar cómo ha sido posible ello. En principio se me ocurre que pueda tratarse de un salto cuántico, Precisamente con eso se especula en la física cuántica más actual. De todas maneras, no hay nada definitivo en torno a esos saltos cuánticos y son especulaciones más o menos argumentadas con fundamentos, eso sí,  en la Física cuántica. ¿Cómo explicarlo a nivel del común de los mortales? No lo sé. No tengo ni la más remota idea. He dudado mucho antes de transcribir aquí estos pensamientos pero, so pena de parecer un loco, me he decidido al fin. No he podido obviarlo y hacer ver que nada ha pasado cuando yo sé positivamente que algo ha ocurrido con el tiempo, con mi tiempo, en el transcurso del último año.
El caso es que, teóricamente,  se sabe que las partículas subatómicas pueden saltar en el tiempo, hacia adelante o hacia atrás, incluso estar en dos tiempos a la vez. Se sabe, también, que el tiempo, tal y como lo concebimos, no existe a nivel cuántico. Puestos a especular hay quien afirma que las partículas cuánticas pueden viajar al futuro y obtener información  para regresar al presente y utilizar, así, esa información aquí y ahora. ¿No podría ser esto la explicación de lo que llamamos intuición, un conocimiento que nos viene no se sabe de dónde pero que no nos llega por los canales habituales? Dejemos la física cuántica y volvamos a la realidad que se nos impone aunque también hay quien dice que la realidad la creamos nosotros mismos, nuestro cerebro. Pero volvamos al día a día del Camino.
Durante buena parte de los veintitantos kilómetros de la etapa de hoy que ha transcurrido entre Colombres y Llanes, en la parte oriental de Asturias, he venido pensando que ésta era la etapa más dura en los cinco años que vengo haciendo el Camino. Ahora explico por qué.
Salí a las 7 de la mañana del polideportivo donde me alojé anoche. Había estado lloviendo durante toda la noche y a veces con intensidad pues me despertó el ruido de la lluvia en varias ocasiones. La noche no empezó nada bien ya que deberíamos llevar una hora de silencio, después de irnos a dormir, cuando se empezó a oír  el sonido de lo que yo creí en principio que se trataba de petardos o cohetes en las cercanías del polideportivo. Al principio pensé que se trataba de la celebración de alguna fiesta en el pueblo pero enseguida me percaté de que con lo que estaba lloviendo difícilmente podrían estallar los petardos o lo que quiera que fuese. Así pues, ¿de qué se trataba? Cada vez sonaban más y más cerca. Algunos peregrinos se levantaron y todos nos mirábamos deseosos de saber lo que ocurriendo. Alguien se acercó a la puerta y salió fuera del recinto. Al poco volvió a entrar y el estruendo cesó. Explicó que se trataba de niños que lanzaban piedras contra el tejado metálico del pabellón deportivo. Inaudito, eran más de las 11,30  de la noche, estaba lloviendo con cierta intensidad y ¡había niños en las inmediaciones dispuestos a no dejarnos descansar! Estos hechos me desvelaron lo suficiente como para pasarme  toda la noche sin poder pegar ojo.
Cubrir la etapa me ha llevado 7 horas de camino. El albergue en que me alojo está en lo que fue en el pasado la estación de FEVE de Llanes (Ferrocarriles de Vía Estrecha). Durante el transcurrir de las horas, me he acordado a menudo de mi compañera y amiga Carmen, originaria de las tierras que en estos días piso y en concreto de Grado (Grao, como dicen las gentes del lugar) Y es que esta bellísima tierra no me está tratando muy bien que digamos. Me refiero al tiempo. Han sido 7 horas de lluvia continua, desde que salí hasta que he llegado, sin un solo minuto de tregua. Si a eso unimos el viento y el frío, por momentos; el sudor propio de ir con el chubasquero puesto, que si bien te protege de la lluvia por fuera, por dentro te empapa a causa del calor que uno mismo genera con el continuo subir y bajar del camino debido a que el plástico del que se compone no deja transpirar y ese calor se convierte en sudor que pronto lo empapa todo. Además, la niebla, que todo lo ha cubierto hoy,  me ha impedido apreciar la belleza del paisaje a la que aludía antes. El camino transcurre junto a acantilados que no he podido ver aunque intentaba imaginármelos pues en mi memoria permanecen aún los del camino en las etapas de Cantabria. El esfuerzo y la tensión han hecho el camino mucho más duro de lo que debe ser con un tiempo diferente y gracias a que fui previsor e hice acopio de frutos secos para prevenir eventualidades no he sufrido una de esas pájaras que en días anteriores me acontecieron. Me preguntaba, durante esos largos ratos de caminar en solitario, si podría haber algo peor en el Camino que lo que en aquellos momentos me estaba sucediendo y pronto descubrí que sí, que aún podía ser peor. A las dificultades meteorológicas se sumaron las dificultades orográficas propias del terreno por donde transcurre la etapa, con continuas subidas y bajadas, con fuertes pendientes, con caminos que más bien parecían arroyos por la intensidad de la lluvia que caía. Y todo ello concentrado en los últimos kilómetros, cuando ya el cuerpo empieza a estar ciertamente cansado.
El caso es que me puse a pensar que nada es perpetuo, que todo tiene su final, que la noche más larga nunca es eterna y otros pensamientos afines para no desanimarme. Empecé a pensar, también, el porqué de una etapa tan dura, en plena soledad, ya que apenas vi algún peregrino que pasaba fugaz en busca de la protección del albergue. Pronto me llegó la respuesta y no sé de donde, pero enseguida lo supe. Era la experiencia que me faltaba vivir en el Camino, nunca en mis cuatro años anteriores, había pasado una etapa como la que he acabado hoy, con lluvia, lluvia y más lluvia, añadida esta a las dificultades propias del camino como he mencionado anteriormente. Y eso es precisamente lo que necesitaba vivir, para poder superarme, para hacerme más fuerte, para tener confianza en mí mismo, de manera análoga a como ocurre en la vida misma. ¿Me depara el Camino alguna sorpresa más de este estilo? No lo sé y eso ahora no importa. Lo que venga será afrontado por mí como he hecho en el día de hoy. Eso es todo. Sólo sé que la Vida –y el Camino es una metáfora de la vida- nos depara aquellas vivencias, aquellas experiencias que necesitamos para nuestro propio crecimiento y también sé que no siempre coinciden con aquello que desearíamos para nosotros mismos. También sé que, en ocasiones, hemos de pasar varias veces por la misma experiencia hasta que finalmente aprendemos lo que hemos venido a aprender.
Acabando de escribir estas palabras tornan a mí la misma duda y la misma  inquietud con que acabé de escribir el diario de ayer: ¿salto cuántico en el tiempo? ¿Y si no se tratara de un salto en el tiempo? ¿Y si la explicación fuese más sencilla que todo esto? Entonces, si es así, ¿por qué no la veo aún?