Mis gatos: Gurri, que lo fue, y Peluchi, que lo es.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Camino del Norte: trigésimo-octava etapa


2/8/11

Arzúa-Pedrouzo: 20 km. Tres adjetivos podemos ponerle a la etapa de hoy: fácil, asequible y corta. Después de tantos días caminando, 20 km se me antoja que son pocos en un día como hoy. Además, han resultado ser casi llanos, en su mayoría. Por lo tanto, y en conclusión, la etapa ha sido fácil.
Como decía ayer, estamos transitando por el Camino Francés y eso se nota en la gran cantidad de gente que empezamos a ver, ya sea con mochila o sin ella. Esta última es una modalidad que hace asequible el Camino para mucha gente con  problemas para llevar peso a sus espaldas, ya sea por cuestiones de edad, de enfermedad o, simplemente, porque no estén habituados a hacer muchos km cada día, máxime si se lleva peso, como decía. Así, he adelantado a una señora de sesenta y tantos, que caminaba con lo puesto, pasito a pasito, sin prisas pero sin pausa, cabizbaja iba ella aunque deseando el buen camino a todo aquel con quien se encontraba. Creo que se han acabado por este año las caras conocidas de los días anteriores, en que caminábamos casi en familia, dado el escaso número de personas que transitan por el Camino del Norte, aunque suficientes para llenar los albergues que, por esta zona, son de mediana capacidad, queriendo decir con ello que están entre 20-30 personas, en la mayoría de los casos.
Seguimos caminando en grupo, tal y como era de prever desde un par de día después de salir de Ribadeo. Cada uno a su ritmo pero esperándonos unos a otros cuando tocaba hacer un alto en el camino. Entonces, era yo el que se adelantaba y paraba cuando más o menos llevábamos caminando unas dos horas. Un descanso, no demasiado largo, de máximo media hora, para reponer fuerzas y, como viene siendo habitual, para comentar anécdotas y reír un rato. El caso es que todos los del grupo así lo han ido aceptando, sin mediar acuerdo para ello,  supongo yo que porque me ven mayor que ellos y creen que tengo cierta experiencia del Camino. Sea como sea, así lo hemos ido haciendo durante los últimos días y, creo yo, nos ha ido bien. Y es que el contacto y la cercanía hacen  el apego, y un apego sostenido en el tiempo te lleva a tomarle cariño a la buena gente que te acompaña, como ha sido mi caso y, creo, el de ellos también.
Hoy, sin embargo, me he quedado rezagado más o menos a mitad de etapa. Todos los miembros de esta familia del Camino me han ido pasando y finalmente me he quedado sólo. La causa ha sido una de esas pájaras que ya he sufrido en anteriores ocasiones en el camino y que son el resultado de la falta de ingestión de alimento durante un  buen rato y que, a veces, llega sin avisar, aunque lo normal es que me percate de ello, porque el cuerpo avisa, y se soluciona antes de que haga efecto. En esta ocasión no ha sido así y me ha pillado desprevenido. Cuando he querido reaccionar ya era tarde y lo que supongo que será una bajada de glucosa en sangre se ha producido sin darme tiempo a actuar sino a posteriori. Sin embargo, un poco de chocolate y frutos secos, que siempre llevo por si se da el caso, han puesto solución al tema y pronto he podido alcanzar a mis compañeros sin mayores dificultades.
Al llegar a Pedrouzo, pueblo que nos acoge hoy, y que se encuentra a tan sólo 19 km de Santiago, he visto el albergue en el que me alojé en el 2007, cuando hice el Camino Francés, y en el cual se había formado una monumental cola de peregrinos esperando su apertura para, al fin, asearse y descansar. Me he detenido unos instantes para observarlo y me  he visto allí, haciendo lo propio unos años antes. Ello, no sé bien por qué, me ha dejado algo melancólico durante unos minutos. La llegada al nuevo albergue y el ajetreo propio de las rutinas diarias me  ha hecho olvidar esa melancolía.

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