Mis gatos: Gurri, que lo fue, y Peluchi, que lo es.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Camino francés: séptima etapa

10/7/06

Esta noche he dormido bien. Me he levantado a las 6,30. Un poco tarde en comparación con etapas anteriores. El hospitalero del albergue, voluntario, es un francés afincado en Québec, Canadá. Hoy tiene visita: un joven burgalés que el año pasado coincidió con él en el albergue de Sto. Domingo de la Calzada, como hospitalero. También ha venido su joven y atractiva hija, desde Suiza, para pasar el fin de semana con él.

La tarde de ayer se hizo larga esperando la hora de cenar, las 7,30, en el único bar del pueblo. Tuve tiempo de todo: lavar la ropa, dormir la siesta, meditar, hablar con mi compañero italiano, hablar con el amigo del hospitalero, estar ocioso... Adriano me ha explicado que está escribiendo su segunda novela, la cual transcurre, en parte, en Barcelona -ciudad que le gusta mucho- en los tiempos de Napoleón. Adriano es una persona culta, entiende bien el francés, habla algo de inglés y compruebo que nos entendemos bien hablando cada uno en su lengua.

He perdido de vista a todos los peregrinos con los que coincidí en las primeras etapas. Supongo que todos me han adelantado ya que mi lesión no me permite hacer etapas largas y me debo limitar a una media de 15 Km. para no sobrecargar más el tendón. La etapa de mañana es de 30 Km. según la guía que, claro está, yo dividiré en dos, y discurre entre Los Arcos (Navarra) y Logroño. La etapa de hoy, solo 12 km, ha sido muy corta y aún así no lo he pasado nada bien, pues la tendinitis sigue ahí. Cuesta empezar cuando la musculatura está fría, pero cuando se calienta, el sufrimiento es más llevadero. Mi compañero, Adriano, tampoco lo está pasando bien ya que tiene dos ampollas en la planta del pie, que es donde más daño hacen. Finalmente, está pensando en llegar únicamente a Logroño dado que, en el estado en que se encuentran sus pies, ve muy difícil llegar a Burgos como pretendía en un principio. Ha decidido volver el año que viene con su mujer, Estefanía, para hacer el tramo final que le permita a su esposa, que es católica practicante, obtener la compostelana. Para ello tiene que hacer los últimos 150 Km..

El calor continua haciendo de las suyas. Todos agradeceríamos un refrescón, producto de alguna tormenta que no deje mucha lluvia sobre el camino. Bastante difícil es como para que encima lo encontremos embarrado.

A mi lado, mientras escribo, hay una chica vasca hablando en euskera por el teléfono móvil. Es curioso pero, de vez en cuando, suelta alguna frase en castellano, intercalada entre el resto de la conversación, que se desarrolla en su lengua materna.

El paisaje es cada vez más monótono: camino amplio, campos de cereales por donde hace poco que ha pasado la segadora, alpacas de paja apiladas junto al camino, donde unos jóvenes peregrinos conocidos han pasado la noche, haciendo vivac, a una altura ciertamente peligrosa -en fin, la gente joven nunca ha visto el peligro allá donde se encuentra-y las viñas que completan el paisaje de esta zona de Navarra, muy cercana ya la Rioja.

El verde brillante de la viña, el verde mate del monte bajo, a lo lejos, el ocre de los campos de trigo y el azul añil del cielo, éstos son los colores que nos acompañarán durante bastantes etapas en este tramo del camino entre Navarra y la Rioja.

El albergue donde estoy, está atendido voluntariamente por un matrimonio belga. Entre los albergues no privados, están los que son municipales, los parroquiales y los de la Asociación de Amigos del Camino. Este último, es el caso del albergue de Los Arcos.

Acabo de encontrar a Sofía una médico psicoanalista, como dice ella, que conocí en el tren que me llevó hasta Pamplona y con la cual compartí el taxi que a mi me llevó hasta Roncesvalles y a ella, con su amigo acompañante, a St. Jean Pie-de-Port, último pueblo de Francia antes de cruzar el Pirineo y donde en verdad empieza el camino. Yo, sin embargo, esa etapa me la he saltado ya que se aconseja no hacerla si no se está bien preparado físicamente, pues supone 27 Km. de etapa, dividida en dos tramos, uno de subida, con un desnivel de 1000 mts, y otro de bajada, aún peor por lo pedregoso del camino.

El masajista, que se anuncia en la puerta del albergue, acaba de llegar y decido ir a verlo para explicarle mi mal y ver si puede hacer algo por mi, Lo primero que me dice es que tengo falta de líquidos y me lo nota en la cara y en los ojos ??? La verdad es que tiene razón. Fácilmente se olvida uno de beber durante el trayecto. Me dice que la falta de agua en el organismo, después de tan duro esfuerzo, afecta inevitablemente a la tendinitis, ya que los detritus que se producen en la musculatura con el esfuerzo intenso, no son fácilmente eliminados y eso acaba afectando al tendón. Me aconseja que me ponga frío en la zona y me dice que en el frigorífico hay una bolsa de guisantes congelados para tal menester.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aquí puedes dejar tu comentario, si te place.